Frente a las crisis financieras, geopolíticas y climáticas del petróleo, las empresas y el gobierno de Estados Unidos están dedicando fuertes inversiones a desarrollar fuentes de energía y materiales que no dependan de éste. Una de las líneas principales es el desarrollo de la llamada “economía del azúcar” o “economía de carbohidratos”, una nueva escalada tecnológica que aumentará la disputa por tierras, plantaciones y cultivos agrícolas, con efectos devastadores para la biodiversidad, los campesinos e indígenas.