Nueva embestida contra las tierras ejidales y comunales en Oaxaca
Desinformémonos
Una nueva embestida se cierne sobre las tierras ejidales y comunales del estado de Oaxaca.
Una nueva embestida se cierne sobre las tierras ejidales y comunales del estado de Oaxaca.
Fue hace siete años, pero en Loma de Bácum, uno de los ocho pueblos que componen la tribu yaqui, aunque lo tienen presente como si hubiera sido ayer. Y para que lo sepan las nuevas generaciones de yaquis y la gente de fuera, en el acto para celebrar el acontecimiento presentan cuatro videos que muestran diferentes momentos de su historia reciente.
La panga se mece al compás de las olas que las aguas del mar producen en ese momento de la mañana. Eso es lo que sentimos mientras cruzamos por la bahía de Ohuira, en Topolobampo, ubicada en el municipio sinaloense de Guasave; pero los yoremes que nos acompañan nos corrigen: dicen que no es el viento quien provoca las olas sino Bahue jam yöla, la abuela del mar, matrona del océano y de los seres que lo habitan, la dueña del Itom baawe ania, el mundo del mar para los yoremes.
Cuando los mineros hablan, los poderes republicanos callan. O se someten. Así ha quedado demostrado en lo que va del proceso legislativo para reformar la ley minera y recuperar la soberanía nacional en la materia, según dijo el Presidente de la República al presentar la iniciativa ante la Cámara de Diputados.
Entre el 9 y el 12 de marzo se llevó a cabo en México la octava audiencia local del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, con el objetivo de conocer y dictaminar sobre las afectaciones que los pueblos mayas y sus territorios están sufriendo en sus derechos –los de los pueblos y los de la naturaleza– con motivo de la implementación del Tren Maya.
Las cabañuelas de principios de año anunciaban que enero traería tormentas, pero pocos imaginaron la magnitud de ellas. La violencia sobre los pueblos indígenas en este primer mes del año que comienza ha adquirido tal dimensión y modalidades que da mucho en qué pensar.
El año está cerrando con malas señales para el futuro de los pueblos indígenas y éstos no se dejan. Nuestra tierra comunal le da agua y vida a la ciudad. Queremos respeto al territorio, herencia de nuestros abuelos. Así sintetizaron en días pasados los habitantes de Milpa Alta su postura ante los intentos de las autoridades de la Ciudad de México por privarlos de su agua para satisfacer las necesidades de la industria inmobiliaria que la ahoga.
El 27 de junio, en el istmo oaxaqueño, las comunidades zapotecas y mixes de la región baja estuvieron de fiesta: la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo (Ucizoni), una de las organizaciones indígenas más longevas de la región y el estado, cumplió 37 años. Eso es motivo de festejo, pues muchas de las organizaciones que, como ella, nacieron para defender los intereses de los pueblos, terminaron cooptadas por el estado y sus dirigentes haciendo lo que en un principio combatieron.
Eran las 11 de la mañana del pasado 25 de abril cuando decenas de indígenas wixárika pertenecientes a la comunidad de Waut+a –San Sebastián Teponahuaxtlán– y Kuruxi Manuwe –Tuxpan–, pertenecientes a los municipios de Mezquitic y Bolaños, estado de Jalisco, iniciaron una marcha desde la primera comunidad mencionada, rumbo a la Ciudad de México, en busca de una audiencia con el Presidente de la República, para plantearle el añejo problema que sufren, derivado de la invasión de 10 mil 700 hectáreas en Huajimic y 800 en Puente de Camotlán, llevada a cabo por ganaderos de los municipios del muni