14 de diciembre de 1999
La revuelta contra la Organización Mundial de Comercio (OMC) no fue una expresión del malestar ludista finisecular de los nuevos globalizados. No representó, tampoco, la versión combativa de un nuevo Woodstock, por más que la música de Rage Against the Machine (Furia contra la maquina) anticipara y animara la protesta.
La batalla de Seattle fue una eficaz movilización en contra de un modelo específico de globalización que expresa los intereses de las grandes compañías del poder de la gente.