El nuevo Inmecafé bonsái
La Jornada
Desde hace 67 años, la relación entre el Estado mexicano, la industria del café y los pequeños productores ha sido una tragicomedia amorosa, pletórica de promesas incumplidas. Trepado en una montaña rusa de cambios de política, el noviazgo de las administraciones federales y los caficultores pasó desde entonces, del sutil cortejo, al control absorbente, al abandono irresponsable y ruptura de su compromiso, a las falsas promesas de atención y cuidado, hasta llegar al ofrecimiento de un nuevo trato envuelto en bellas palabras.

