Retractan estudio de Monsanto sobre glifosato
La Jornada
Retractan estudio de Monsanto sobre glifosato
Silvia Ribeiro
13 de diciembre de 2025
La Jornada
Retractan estudio de Monsanto sobre glifosato
Silvia Ribeiro
13 de diciembre de 2025
La Jornada
Los pueblos de México vuelven a tener la palabra en el documental Antes de que anochezca, trabajo colectivo de Desinformémonos, que como es habitual en su historia de más de 16 años, es capaz de reunir largas experiencias e invitar nuevas. Dialogan entre sí en este documental las fotografías, textos y videos y en forma resumida nos muestran realidades complejas. Este juego de comunicaciones nos hace posible entender profundamente, no sólo desde el intelecto, también desde el corazón y las emociones.
En el marco de la COP30 sobre cambio climático que se está realizando en Belém, en la Amazonía brasilera, el gobierno de Brasil anunció como un logro el lanzamiento del Fondo de Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, por sus siglas en inglés). Se sumaron decenas de gobiernos, entre ellos México. Bajo ese nombre tan rimbombante hay una iniciativa para monetizar las funciones vitales de los bosques y crear un fondo que vende bonos a inversores privados, a partir de lo cual, una parte de las ganancias generadas se usarían para la conservación de bosques.
A seis años de recorrer los territorios y compartir las voces de las comunidades afectadas por tres megaproyectos insignia del sexenio de Andrés Manuel López Obrador –el Tren Maya, el Proyecto Integral Morelos y el Corredor Interoceánico–, un equipo de documentalistas convocados por Desinformémonos volvió a caminar selvas, valles y mares en comunidades indígenas de cinco estados de la república mexicana, para reportar qué ha ocurrido y qué viven los pueblos desde entonces en las regiones donde se expanden esos proyectos que la presidenta Claudia Sheinbaum promete continuar.
En Querétaro, México, el gobierno estatal y federal parecen haber respondido esa pregunta: el agua es primero para las grandes tecnológicas, como Amazon, Microsoft Google y ahora CloudHQ. Después de que otras megaindustrias como la aeroespacial y automovilística han ido agotando los pozos de agua subterránea y acuíferos de la región, lo que queda lo dispondrán las titánides tecnológicas globales.
El estudio científico más amplio realizado hasta el momento sobre el efecto cancerígeno del glifosato mostró resultados alarmantes: aún en dosis permitidas por las regulaciones, la exposición prolongada a este agrotóxico y otros componentes de sus formulaciones comerciales causaron múltiples formas de cáncer (Panzacchi, S. et al, 2025, Environmental Health, https://doi.org/10.1186/s12940-025-01187-2).
A través de un decreto presidencial, México prohibió el 5 de septiembre 2025 el uso de 35 plaguicidas y las fases del proceso de su síntesis, producción, almacenamiento, comercialización y aplicación, entre otras (https://tinyurl.com/4vhb3htf).
Mientras la crisis climática empeora, los mayores contaminadores globales aumentan las emisiones de gases que la provocan y al mismo tiempo, se justifican y lucran con falsas “soluciones” para el clima, como mercados de carbono y tecnologías de geoingeniería. Un caso típico es el de las megaempresas tecnológicas. Es el sector industrial que más ha aumentado el porcentaje de emisiones, principalmente por el auge de la inteligencia articial (IA) que devora energía, agua y otros recursos y producen basura tóxica.
En las últimas semanas se anunció la aprobación de un trigo manipulado genéticamente en Chile y arroz manipulado en Ecuador. Son hechos graves, porque se trata de cultivos alimentarios básicos que consume la mayoría de la población en esos y muchos otros países de América Latina y el Caribe. En ambos casos, las empresas los presentan como cultivos “editados genéticamente”, lo cual les ha permitido burlar las normas de bioseguridad para transgénicos en ambos países. Ni productores ni consumidores sabrán que se trata de cultivos manipulados genéticamente.
Un nuevo informe del Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles (IPES-Food, por sus siglas en inglés), reveló que la cadena industrial de alimentos consume al menos 15 por ciento de los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) usados a nivel global, porcentaje que va en aumento.