Siete aporías* de la agricultura nacional

Siete aporías* de la agricultura nacional
Victor M. Quintana S. Martin Solís B.
18 Abril de 2026
La Jornada del campo 223
La actual situación del campo mexicano, la revisión del T-MEC, aunadas a la muy difícil coyuntura internacional, las movilizaciones y demandas de diversos agrupamientos de productores están planteando una serie de “aporías”, o dilemas aparentemente irresolubles para quienes deciden sobre nuestra agricultura. Aquí planteamos las que, a nuestro juicio, son las principales:
1. Ayudar a los productores pobres o subsidiar a los medianos y grandes de alimentos básicos
Cuando el gobierno dispone de recursos muy limitados la opción ética de “primero los pobres” es muy justificable. Pero habría que observar varias cosas: primero, cómo esa ayuda puede contribuir a algo más que la mera subsistencia e incidir en elevar la producción y con ello el ingreso de los campesinos pobres. La segunda es que, apoyar de diversas maneras, sobre todo a los productores comerciales medianos contribuye a elevar a corto plazo los índices de producción y productividad de los alimentos. La tercera es, ¿de verdad no hay más recursos para la agricultura? ¿No hay otros rubros del presupuesto federal a los que se les pudiera recortar para iniciar un programa sostenido de fomento agropecuario?
2. ¿Más producción mayor cambio climático?
Si no se maneja adecuadamente el incremento de la producción puede contribuir a la aceleración del cambio climático. La expansión del cultivo del aguacate y del agave, por ejemplo, han implicado deforestación y sobre explotación del agua superficial y subterránea, lo que incide directamente en provocar un clima más seco y caliente, cosa que ya está sucediendo: los últimos años se ha reducido la superficie sembrada y, por lo tanto, la cosecha de maíz y de trigo en el Noroeste y Norte del país debido a la sequía recurrente. Habría que ver, entonces cómo puede producirse más sin que esto incida en un mayor desgaste de recursos naturales como el agua, el bosque y el suelo.
3. Apertura comercial o soberanía alimentaria
La mayor parte del intercambio agrícola de nuestro país se realiza a través del T-MEC y antes, a través del TLCAN, que son las joyas de la corona en términos de apertura comercial. Ciertamente ambos tratados han operado como un turborreactor de la producción de la agricultura mexicana y de la exportación, al punto que desde 1994 nuestras exportaciones aumentaron, y ahora somos superavitarios con respecto a los Estados Unidos. El gran problema es que esa integración-subordinada, por cierto- nos ha salido muy cara: hemos perdido la soberanía alimentaria en granos básicos, sobre todo en maíz, oleaginosas, leche y carnes y nos hemos convertido en exportadores de bienes de lujo no estratégicos: aguacate, frutos rojos, tomate, tequila, cerveza. ¿Sería posible negociar una apertura comercial o un tratado selectivo, que, por ejemplo, excluya los granos básicos del mismo, como pide el FNRCM, y proteger, como lo hacen otros países, sus alimentos estratégicos?
4. Austeridad presupuestal o mayor inversión productiva
Es un hecho que, fuera de los programas sociales para el campo (Producción para el Bienestar, Fertilizantes para el Bienestar, Sembrando Vida), el presupuesto para el sector agropecuario se ha ido reduciendo en los últimos años. En buena parte esto se debe a la necesidad de que el Gobierno Federal no incremente el déficit fiscal, incremente el presupuesto para los programas sociales que ya tienen rango constitucional y termine las obras de infraestructura iniciadas desde la administración anterior. El dilema aquí es cómo inyectar más recursos para detonar una mayor producción sustentable en el campo si el margen de maniobra de los recursos federales es muy estrecho. Se puede pensar en acudir a la inversión privada, pero aquí también hay problemas: ésta no se da si no hay garantías razonables de rentabilidad en el campo, y con la apertura comercial y la política arancelaria de Trump, la recuperación de los recursos financieros invertidos se pone en alto riesgo.
5. Mayor producción, más energía
Si se quiere producir más no basta elevar la productividad, es necesario abrir nuevas tierras al cultivo y ampliar la superficie irrigada. Aunque una parte de ésta puede ser regada por aguas superficiales, habría otra parte que tendría que acudir al bombeo de aguas subterráneas. Esto implica un mayor empleo de energía. Si se trata de energía eléctrica habría que ver si hay capacidad instalada para ello y si no tendría que desviarse de otros usos, por ejemplo, de los nuevos Polos de Desarrollo. Además, hay que tomar en cuenta que actualmente el subsidio de la energía eléctrica de uso agrícola a través del PEUA llega a casi 20 mil millones de pesos anuales y si se incrementa el gasto repercutirá de inmediato en un mayor subsidio del gobierno federal. Una salida podría ser el acudir a la energía fotovoltaica, pero, de nuevo, implicaría una fuerte inversión que habría que ver cómo se sufraga entre gobierno y productores.
6. Soberanía alimentaria-soberanía en insumos
Es totalmente válido y necesario construir la soberanía alimentaria de nuestro país. Sin embargo, si ésta no se construye con insumos propios, producidos en México, será una soberanía muy frágil. Ahora bien, México depende en una gran parte de insumos importados, el ejemplo más claro son los fertilizantes: México depende en un 70% de los fertilizantes importados. En cuanto a las semillas, frutos y esporas para la siembra, en 2024 las importaciones mexicanas ascendieron a 595 millones de dólares mientras las exportaciones fueron apenas de 43.9 millones de dólares. En lo que se refiere a Insecticidas, fungicidas, reguladores de crecimiento de plantas, desinfectantes y similares, en 2024 las importaciones totalizaron 1441 millones de dólares contra 382 millones de dólares de las exportaciones. Ciertamente tenemos un amplio espacio de crecimiento para la producción nacional en estos rubros, sobre todo en fertilizantes, semillas, pesticidas y otros productos orgánicos, pero hay dos grandes dificultades: no contamos con gas para producir fertilizantes ni podemos sustituir todos los agroquímicos con producción nacional a mediano plazo.
7. Modelo alimentario global-modelo alimentario nacional
Desde la entrada en vigor del TLCAN se impuso con gran celeridad el modelo alimentario global basado en la comida rápida, alto consumo de carbohidratos, grasas poliinsaturadas, comidas altamente procesadas, lo que ha generado en el país todas las enfermedades ligadas al síndrome metabólico, obesidad y sobrepeso: la “oxxización” de la dieta mexicana. Un modelo alimentario alternativo, saludable, balanceado, sin tanta comida ultraprocesada requeriría poner barreras a la importación de un gran número de productos para la alimentación, un cambio de hábitos cotidianos y una gran oferta de alimentos saludables, producidos localmente. Habría que ver las políticas, programas y campañas que esto implica.
Con sus famosas “aporías” el filósofo griego Zenón de Elea trató de demostrar que el movimiento es imposible. La mejor manera de rebatirlo fue ponerse a caminar. Estas aparentes aporías de la agricultura mexicana no se podrán resolver teóricamente, se tendrá que resolverlas caminando, es decir, con voluntad política traducida en políticas y programas concretos, con recursos y con la participación de gobierno y personas productoras y consumidoras.
*Aporía: enunciado que expresa o contiene una inviabilidad de orden racional o una dificultad lógica que parece irresoluble (RAE)
https://www.jornada.com.mx/ndjsimg/images/jornada/jornadapdf/pdf/21f268…