Siempre supe que el parásito volvería: especialista
“Tardía e insuficiente”, la estrategia de combate al gusano barrenador
Ángel Flores advirtió que era un error cerrar la planta con la que México erradicó la plaga hace 30 años // Hoy está presente en 27 entidades del país y en el sur de EU
Kara Castillo
La Jornada de Oriente
Periódico La Jornada
Lunes 13 de julio de 2026, p. 25
Puebla, Pue., La estrategia para el combate al gusano barrenador es tardía e insuficiente. La alarma que se generó en noviembre de 2024, con el primer caso en un bovino en el estado de Chiapas, que provocó el cierre de la frontera con Estados Unidos al ganado mexicano, y meses después alcanzó contagios humanos, tuvo una respuesta que llegó apenas hace dos semanas, cuando arrancó la nueva biofábrica que producirá 100 millones de moscas estériles semanales para fin de año, apenas una quinta parte de los 500 millones que generaba la antigua planta, con lo que erradicó la plaga en México, hace 30 años.
Esta conclusión se desprende de la entrevista que La Jornada de Orienterealizó a Ángel Omar Flores Hernández, quien fue director general de Salud Animal en pasadas administraciones, a quien se recuerda como una de las voces más críticas al cierre de dicha planta.
El médico veterinario señaló que “en el fondo siempre supe que volvería”. Recordó que hace décadas él advirtió que cerrar la planta antigusano barrenador sería un error, pero perdió esa batalla. Hoy, con el parásito de vuelta en 27 entidades del país y en el sur de Estados Unidos, ve cumplida su predicción.
El ex funcionario habló –más desde la autoridad técnica que desde la nostalgia– de la exitosa biofábrica y la estrategia de la Comisión México Americana para la Erradicación del Gusano Barrenador del Ganado (Comexa); relató a detalle cómo México logró desterrar de México la especie Cochliomyia hominivorax o “mosca carnívora”.
Sheinbaum inauguró en junio biofábrica en Metapa
El pasado 27 de junio, la presidenta Claudia Sheinbaum inauguró la planta en Metapa de Domínguez, Chiapas, con un costo de 50 millones de dólares –29 aportados por México y 21 por Estados Unidos– y una inyección adicional de 83.8 millones de dólares para reforzar la operación. Mencionó que dichas cifras, aunque impresionantes, contrastan con la capacidad de la planta creada hace décadas.
Sobre el proyecto, dijo sentir cierto alivio, no obstante que la nueva planta tiene proyectada la producción de apenas 28 millones de moscas estériles semanales, previendo que sean 100 millones para fin de año, cantidad que es lo que la antigua planta producía en un día. Aun así, el especialista celebró el esfuerzo.
“Es una buena noticia, es algo y es urgente que se retome el control de la plaga, es lo único probado que termina con el gusano barrenador”, sostuvo el testigo de la exitosa planta antigusano que constituyó el mayor éxito sanitario del continente.
Según Flores Hernández –quien vivió el agónico desmantelamiento–, el éxito de esta planta de erradicación se debió principalmente a razones económicas, posibilitadas por el acuerdo bilateral entre México y Estados Unidos, y su aportación de 80 por ciento de los recursos.
El experto en la materia, que fue el principal asesor en México en el área de salud animal, también reconoció como fundamental la realización de estudios serios previos por biólogos y especialistas para analizar la concentración de la mosca en las distintas regiones.
“Yo ya vi esta película”
Agregó que bajo su dirección se lograron avances sustanciales en el control de plagas y enfermedades críticas como la fiebre porcina clásica y la influenza aviar. Recomendó a la presidenta Sheinbaum destinar presupuesto para que la producción de mosca antigusano no pierda ritmo “ni un día”, y robustecer la vigilancia poserradicación en la frontera con Centroamérica. “Yo ya vi esta película”, expresó.
Flores Hernández, quien vio nacer y morir la estrategia contra el gusano barrenador, aseguró que luego de décadas de haber mantenido controlada la epidemia, ha vuelto con fuerza y su avance amenaza la economía y la salud de todo el continente. “Creímos que ese capítulo se había cerrado”, apuntó.
“Su nombre lo describe perfecto: Cochliomyia hominivorax, es decir, devorador de hombres y, es así, voraz. Pero no sólo termina con tejidos animales y humanos; también es una de las plagas más costosas a las que nos enfrentamos, devoradora también de economías”, advirtió.
La epidemia amenaza la economía pecuaria del centro y norte del continente, ya que en Sudamérica persiste en las áreas tropicales y subtropicales.
Expuso que a diferencia de otras moscas, que sólo se alimentan de tejido muerto, éstas necesitan carne viva para desarrollarse. La hembra deposita hasta 400 huevos en el borde de una herida abierta; en menos de 24 horas, las larvas eclosionan y comienzan a devorar el tejido.
Sin tratamiento, un animal infestado puede morir en un plazo de siete a 14 días. Ataca a cualquier mamífero de sangre caliente –ganado, perros, fauna silvestre y también humanos–, lo que explica la urgencia detrás de una plaga que creíamos resuelta hace décadas.
Adelantó que el regreso de esta epidemia elevará significativamente los costos de producción de carne y leche, especialmente en las zonas tropicales, debido a que los ganaderos tendrán que realizar revisiones y tratamientos permanentes.
Aunque la plaga lleva apenas un año activa y no tiene los niveles de concentración de cuando era endémica, el hato actual no cuenta con defensas y el organismo de los animales no puede defenderse por sí solo.
Sobre el regreso de una plaga que México había erradicado desde 1991, dice convencido: “es el mismo enemigo al que nos enfrentamos entonces”.
“Nadie me escuchó”
La planta de Chiapas dejó de operar a finales de agosto de 2012, año de transición entre la administración de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.
Recordó que intentó desesperadamente mantenerla operando a niveles mínimos, pues temía un brote, como el que se registra hoy con mil 735 casos activos en el país. Puebla –con 187 notificados hasta la semana pasada– es uno de los tres estados más afectados.
“En ese momento yo era asesor en la dirección de Salud Animal de México. Advertí a todos que no era conveniente que cerraran la planta, que debería mantener una pequeña área con una producción mínima, así, si volvía a subir la plaga, rápidamente controlaría el rebrote; no lo logré.”
Describió que en su rol de asesor de directivos de primer nivel, reunió a técnicos y ex directores experimentados para elaborar un documento sobre la planta.
“Fue un grupo de cuatro o cinco expertos –incluyendo a los ex directores mexicanos de la biofábrica–, elaboramos un documento de recomendación. En este informe solicitaban mantener una pequeña parte de la planta en funcionamiento para continuar con una producción menor de moscas estériles.”
La propuesta fue entregada al entonces director de Salud Animal, con el fin de que se la expusiera al director de Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica). Hubo silencio y el cierre se consumó.
Falta de visión al cerrarse la Comisión México-Americana
El ex funcionario lamentó la falta de visión al cerrarse la Comisión México-Americana y la planta de Chiapa de Corzo; convencido reveló que con el cierre se perdió personal altamente especializado, la organización de años, la confianza entre los equipos de México y Estados Unidos, además de la infraestructura física.
“La decisión de cierre se basó en la idea de que la planta de Panamá (con capacidad para 100 millones de moscas semanales), operada por Estados Unidos, sería suficiente.”
Cría y esterilización de moscas, un oficio de saberes
Otros especialistas consultados afirmaron que con el cierre de la planta, la pérdida fue brutal, pues la cría y esterilización de moscas es un oficio con saberes muy específicos –dosis de radiación, empaque de pupas, logística de dispersión aérea–.
Señalaron que el conocimiento “lo heredaron” trabajadores de Panamá y hay una teoría de que hoy México tuvo que “importar” de vuelta ese conocimiento para levantar la planta de Metapa.
Según informes oficiales, entre 1972 y 1990 se notificaron 286 mil 750 casos de infestación por gusano barrenador en México, y el programa de erradicación implicó dos décadas intensivas dispersando 250 mil 631 millones de moscas estériles durante 58 mil horas de vuelo, con un costo de 620 millones de dólares.
Flores Hernández puntualizó que lo más importante es que el gobierno informe y capacite a los ganaderos en la detección de heridas infectadas.
Recomendó –con urgencia– realizar vigilancia del ganado mañana y tarde, prestando especial atención a los ombligos de los becerros recién nacidos, ya que la sangre fresca atrae a la mosca para depositar sus huevecillos. Estas heridas deben limpiarse, curarse y tratarse con productos preventivos.
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