Ayotzinapa: ¿dónde están?

Ayotzinapa: ¿dónde están?
Raúl Romero*
21 de septiembre de 2026/La Jornada
El crimen de Estado contra los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa es una herida abierta que nos sigue provocando indignación, rabia e impotencia. La desaparición de 43 estudiantes normalistas y el asesinato de otros tres, el asesinato también de un jugador del equipo de futbol Avispones de Chilpancingo, del chofer del autobús en el que viajaba el equipo de futbol, así como el asesinato de una mujer que viajaba en un taxi y que circulaba por la zona donde se cometió el crimen del 26 y 27 de septiembre, en Iguala, Guerrero, es un crimen que sigue doliendo. No se trata sólo de un crimen contra esas 49 personas, es un crimen contra sus familias, contra la sociedad toda, contra la humanidad.
Muchos son los sentimientos y las preguntas que nos evoca aquel crimen: ¿Qué ha tenido que suceder para que 12 años después, sigamos sin saber exactamente qué pasó la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre? ¿De qué tamaño es el pacto de impunidad que dos presidentes y una Presidenta no han querido o no han logrado romper con él? ¿Cuánto es el poder de los perpetradores de ese crimen de Estado para que se les siga protegiendo? ¿Dónde están los jóvenes desaparecidos? ¿Por qué tanta crueldad contra ellos y contra sus familias?
Si el crimen de Ayotzinapa permanece abierto, es gracias a la incansable lucha que las familias de los 43 estudiantes han librado durante estos casi 12 años. Si por el poder fuera, desde hace tiempo se hubiera impuesto ya una “verdad histórica”. Pero los padres y madres de Ayotzinapa siguen marchando cada mes, yendo a reuniones, soportando hambre, enfermedades, maltratos. Las familias de Ayotzinapa se han visto afectadas emocional, sicológica, física y económicamente. Doce años después, el crimen sigue haciendo daño: seis padres y dos madres han muerto buscando a sus hijos, varios funcionarios que intentaron acercarse a la verdad se encuentran prácticamente en el exilio, personas han sido asesinadas para “borrar pistas”…
A estas afectaciones se suman otras estrategias que igualmente contribuyen a sembrar ruido y alejarnos cada vez más de la verdad y la justicia, como el informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de julio pasado, que minimiza la responsabilidad del Ejército Federal y se suma al golpeteo contra los avances de investigaciones independientes. También hay que mencionar la filtración de información a periodistas con el objetivo de reciclar “verdades históricas”, intentar deslegitimar a las organizaciones independientes que han colaborado en el caso, o absolver al Ejército de toda responsabilidad en el crimen. Las plumas del poder siguen operando como en los peores tiempos del priísmo, cuando se publicaban libros o reportajes elaborados desde las catacumbas del Estado.
Igualmente hay que sumar las campañas mediáticas de criminalización y estigmatización contra las familias y los estudiantes normalistas. El intento por dividir a las familias. La represión y el constante acoso por parte de la policía, que incluso cobró la vida en 2024 de Yanqui Kothan Gómez Peralta, estudiante de la normal rural. A esta lista de infamias hay que agregar los grandes operativos policiacos y militares para que se impidiera el acceso de normalistas y familias a la Ciudad de México durante el pasado mundial de futbol.
Con todo en contra, los padres y madres de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa se han mantenido en la lucha por 12 años. Cuatro mil 380 días buscando a sus hijos por todos los rincones posibles. En su búsqueda, no dejan de denunciar que el “gobierno federal mantiene una postura de encubrimiento e insiste en proteger a las Fuerzas Armadas”. Reclaman, además, “la entrega inmediata de los más de 800 folios y registros militares claves generados por el Centro Regional de Fusión de Inteligencia (CRFI) en septiembre de 2014”.
Con la búsqueda de sus hijos, las familias de Ayotzinapa dan una lección de dignidad y resistencia similar a la que dieron las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina, o la que dieron y dan las Doñas y familiares de víctimas del terrorismo de Estado en México. Con su terca e insistente memoria, con el dolor de la ausencia y el desgaste de años de búsqueda, las familias de Ayotzinapa nos recuerdan que no hay transformación con desaparecidos, que no hay cambio si la impunidad se mantiene. Que lejos de la retórica de arriba, el México de abajo sigue adolorido y lanzando una sencilla y terrible pregunta: ¿dónde están los 43 normalistas de Ayotzinapa y las más de 135 mil personas desaparecidas en este país?
Otra vez es 26 de septiembre, y cada año duele más que aquel 2014.
*Sociólogo
X: @RaulRomero_mx
https://www.jornada.com.mx/2026/09/21/opinion/022a1pol