El Congreso Nacional Indígena es actualmente el único espacio nacional de emancipación creado por los propios pueblos indígenas: Francisco López Bárcenas

El Congreso Nacional Indígena es actualmente el único espacio nacional de emancipación creado por los propios pueblos indígenas: Francisco López Bárcenas
Gloria Muñoz Ramírez
13 de octubre de 2026
Desinformémonos
Francisco López Bárcenas, abogado mixteco, escritor, investigador y actual segundo alcalde de su natal Santa Rosa Caxtlahuaca, en la Mixteca oaxaqueña, se define sólo como hijo de don Eulalio López Sixto y doña Rosa Bárcenas. Fue, hace exactamente 30 años, uno de los integrantes fundadores del Congreso Nacional Indígena (CNI), pero eso, dice, “fue circunstancial”. En los últimos años se ha dedicado a acompañar procesos de lucha de los pueblos desde el derecho. López Bárcenas habla en entrevista sobre los desafíos del Congreso Nacional Indígena, los motivos fundacionales de esta red, los ataques a las comunidades indígenas y sobre los indígenas que decidieron “pasarse al otro bando”.
El país en el que se funda el Congreso Nacional Indígena
En 1996 México era un país que ignoraba a los indígenas. Históricamente, nos han dejado fuera. En el CNI había un compañero zapoteco, Aristarco Aquino, que ya falleció, que tenía una metáfora fabulosa para explicar esto: él decía que cuando se formó esta casa, que es el país, México, nos invitaron a los indígenas a trabajar para construirla, y ya que estuvo construida nos dejaron afuera. Con la rebelión zapatista y con el CNI empujamos la puerta. No nos hemos podido meter, pero sí metimos la pata. Y ya no se va a cerrar, porque no sacaremos esa pata. Nos la podrán quebrar la pata, pero la puerta ya no se va a cerrar. Y me parece muy buena metáfora porque la historia de México es de racismo, de exclusión, muy bien armada desde la idea del mestizaje que no existe, pero que se usa muy bien políticamente para decir que lo indígena es lo atrasado, lo ignorante, lo que no tiene sentido o de plano es un estorbo.
El país era ese en esos años, pero con unas características interesantes. En 1996 todavía dominaba el PRI y el presidente era Zedillo, pero ya se veían coqueteos de estos que algunos llaman «la izquierda», pero que son lo mismo. Hoy, 30 años después, estos que se dicen de izquierda están en el poder, pero son igualitos que Zedillo, o hasta peor en algunos casos. Ahora tenemos problemas que no teníamos en ese tiempo, como el crimen organizado tan fuerte. Que hoy la política y el crimen organizado se confundan en una sola cosa es algo que nunca pensé vivirlo.
La rebelión zapatista y el proceso que siguió, los congresos regionales y el Congreso Nacional Indígena a mí me cambiaron la vida. Yo ya era abogado, pero un abogado tradicional, que trabajaba para quien le pagara. Y así como a mí, a mucha gente también le cambió.
El país en el fondo sigue siendo lo mismo, con la agravante del crimen organizado. Pareciera que hay que ser delincuente para ser candidato a algún puesto. Pero también, como hace 30 años, tenemos un CNI que resiste.
El levantamiento zapatista
Cuando se dio el levantamiento zapatista en Chiapas, literalmente, nos despertó. Recuerdo mucho que desperté y vi el canal 2 y estaban hablando de que unos indígenas se rebelaron. Pensé que en dos horas los acabarían, pero pasaron dos días, dos semanas, dos años, dos décadas, tres, y no los acabaron. Ese es realmente el sueño del que despertamos.
Cuando se formó el Congreso Nacional Indígena tratamos de darles forma a dos procesos. El primero fue la gran capacidad de la gente que vimos en los Diálogos de San Andrés (1995-1996), que para mí fue algo inédito. Cuando estaba ahí, pensaba que ya había visto que el país tenía futuro. El otro proceso fueron los foros indígenas, porque los Diálogos de San Andrés no sólo se dieron en San Andrés, sino que también en muchas partes del país hubo reflexiones a través de los foros.
Se desató una fuerza, un potencial que si lo dejábamos así hubiera sido un desperdicio, y por eso se formó el Congreso Nacional Indígena. Fue algo inédito. Había habido movimientos indígenas en Ecuador, fuertísimos, pero tradicionales, con una estructura vertical, con un presidente. Aquí no era eso. Hubo también movimientos fuertes en el Perú, en Colombia ya hasta había cambiado la ley, pero lo que estaba ocurriendo en México no tenía parangón en el mundo.
Fue juntar el potencial de los pueblos por los pueblos mismos. El zapatismo tuvo una visión muy buena, porque no se montó sobre el proceso, sino que abrió el espacio y dijo «háganle como quieran, y si quieren, nos toman en cuenta». Y así estamos.
Principales ataques a las comunidades
Los ataques a las comunidades indígenas tienen que ver con la geopolítica y con el modelo de desarrollo de la clase política, incluida la del partido Morena, que es un modelo extractivista. El capital a nivel mundial tiene una crisis que busca resolver explotando a los pueblos indígenas. La crisis consiste en una sobreproducción de cosas que sostienen la economía mundial: camiones, motores, alimentos, medicinas. Todo lo han vuelto mercancía, pero han copado el mercado mundial y ya no tiene dónde vender.
Tienen dos opciones: o le bajan a los precios para que la gente pueda comprar o le pagan mejor a los obreros para que tengan poder adquisitivo y compren. Y ninguna de las dos cosas las han hecho y no las van a hacer, porque sería ir contra el sentido del capitalismo. Hay que decir que si algo iba contra el sentido del capitalismo eran los Acuerdos de San Andrés.
En México, producto de la Revolución de 1917, las tierras ejidales y comunales eran inalienables, inembargables, estaban fuera del mercado. Lo que hizo Carlos Salinas de Gortari en 1992 fue meterlas al mercado. Muchos tuvimos el error de pensar que las tierras se iban a vender, pero no era por la tierra por lo que venían, sino por el sentido que tienen esas tierras, es decir, por algo que nosotros no veíamos en ese momento, que eran la propiedad colectiva y la propiedad intelectual. ¿Para qué querían tierras si sabían que si llega una minera en diez años la destruye y se va? ¿O que llega una maderera, se acaba los bosques y se va? ¿Para qué comprarla? No hay megaproyecto que normalmente dure más de diez años, entonces rentan la tierra.
Lo que les interesa a los capitalistas es el sentido y el significado de esos recursos naturales y de la propiedad intelectual. Estamos en eso, en un capitalismo que tiene un centro que ya no es la acumulación, sino convertir en mercancía lo que para nosotros siempre ha sido lo común. Esa es nuestra lucha actual, que con este gobierno ha crecido porque ha profundizado esta dinámica.
El Congreso Nacional Indígena, sus referentes y las traiciones
Dentro de los aliados que tuvo el CNI hace 30 años, recuerdo mucho a don Luis Villoro, a Alfredo López Austin, a don Pablo González Casanova. Los tres hablaban de un colonialismo interno. En esta Cuarta [Transformación], creo que los compañeros que estaban en el templete en la formación del CNI en 1996, y que ahora están del otro lado, son producto de ese colonialismo. No puedo decir que sean unos compañeros ignorantes; estaban muy preparados y muchos aprendimos de ellos.
Estamos hablando de Adelfo Regino, de Hugo Aguilar o de Héctor Díaz Polanco, Armando Bartra, que fueron nuestros teóricos y ahora están del otro lado negando lo que escribieron. Yo pude haber estado con ellos, porque tuve una presión muy fuerte, te vendían eso de que podías hacer los cambios desde adentro. Pero estos compañeros sabían que ya no se podía. Adelfo conocía la experiencia oaxaqueña y sabía que por ahí no se podía hacer nada, pero tenía esas ganas de estar en un poder que nosotros combatimos. Esa es la traición. Sí sabían lo que estaban haciendo y sí sabían el mal que iban a hacer y el mal que nos iban a dejar. Les ganó más su ego: ser los indígenas que iban a estar en la Cuarta Transformación en lugar de seguir los ideales de reconstitución de los pueblos indígenas.
A mí me invitaron a estar con ellos. Yo les preguntaba cuál era el cambio que íbamos a hacer y todos, invariablemente, me dijeron que no había cambio. Andrés Manuel López Obrador me lo dijo; con él hablé concretamente de minerías y me dijo que no había cambio. Adelfo Regino me dijo lo mismo. Igual María Luisa Albores. Les respondí que entonces a qué íbamos, y me dijeron que a administrar.
Ellos ya sabían que no iba a haber cambio. Por eso es una verdadera traición. Pero si lo vemos así es muy simple, hay que leerlo en el contexto de este Estado mexicano que tiene una crisis y que necesita legitimarse a diario. Esa fue la oportunidad que le dieron estas personas.
El peso moral del CNI

Creo que en su imaginario, los que se fueron al poder y cambiaron de bando pensaron que muchos los íbamos a seguir. Pero sorpresa. Los pueblos sí piensan, y ellos se fueron solitos. Es como si ahora dijeran: «la regamos solitos, se hubieran venido todos y la regábamos juntos, y así ya no se veía la traición que hicimos». Creo que eso es lo que pesa más.
Estamos festejando ahorita los 30 años del CNI, pero hay un evento paralelo de ellos, del INPI con la presidenta, con el mismo discurso y las mismas propuestas, pero sin pueblos en resistencia y desde el poder. El asunto es que si ya eras la cabeza de un movimiento visible y te vas allá y no eres la cabeza de nada, tienes que hacer el esfuerzo por ser algo. Es muy lamentable, pero siento que están frustrados personal, profesional y políticamente, porque se acabaron en todos sentidos al pasarse allá.
Recuerdo mucho que, en el periodo entre la victoria electoral presidencial de Andrés Manuel y la toma del poder, Adelfo llegó a decir que ahora sí los pueblos iban a decidir su futuro y que ahora sí iban a aumentar 200 por ciento el presupuesto, porque se lo merecían. Pero cuando tomaron el poder, lo que hicieron fue recortar 70 por ciento de lo que había dejado el expresidente Enrique Peña Nieto a las comunidades indígenas. La 4T es el gobierno más antiindígena que conozco en términos reales. Y lo confirmó Andrés Manuel clarísimo, cuando estando con los seris dijo: «ahora sí vamos a gobernar como se gobernaba en los 70». En los 70 no había derechos indígenas, no había pueblos como sujetos políticos. Y así estamos.
Los megaproyectos van, la inseguridad crece, la negación de los pueblos es patética. Pero ese es el proyecto..
La folklorización de los pueblos originarios
Hay una folklorización tremenda en estos gobiernos. Se trata de un discurso hecho para clases medias y clases urbanas, con bastones de mando. Por ejemplo, yo soy autoridad de mi pueblo ahorita, y no me permiten ni siquiera sacar la vara (bastón de mando) cuando voy fuera del pueblo, a menos que ellos me digan que la saque. Y me la dieron en una ceremonia privada. Si llegara la presidenta Claudia o un funcionario cualquiera y yo le entregara mi vara, me expulsarían del pueblo. Esa fetichización que han hecho de los rituales indígenas no la había hecho ni el PRI en sus mejores momentos, ni siquiera Echeverría.
Cuando iban a salir los mil 111 zapatistas en 1999, Adelfo Regino llegó a una reunión del CNI como con 300 varas. Nos dijo que las traía para que cada uno de los delegados tuviera la suya cuando llegaran los zapatistas a la capital del país. Una autoridad le dijo: «no nos ofendas de esa manera, compañero, esas varas que traes ahí no las usamos en los pueblos ni para pegarles a los perros en las fiestas». Y no hubo varas en el recibimiento zapatista.
Tampoco es de ahora que los indígenas que están en el poder cambiaran mucho, es sólo que se nota más. Regresaron a lo que eran, muy contrarios al mandar obedeciendo, a don Floriberto Díaz (pensador mixe), que venía de base y del comunalismo oaxaqueño, del que fue pilar. La comunalidad nació defendiendo los bosques, la autonomía de las comunidades, de los municipios, en momentos en los que era una ofensa mentarle la madre al presidente José López Portillo porque había concesionado los bosques. De ahí viene el comunalismo, pero los otros no venían de eso.
Sexto aniversario de la toma del INPI, hoy Casa de los Pueblos Samir Flores Soberanes
Es la primera vez que vengo a estas oficinas tomadas. Lo primero que veo es un orgullo de las mujeres que tomaron este edificio como su espacio. Lo segundo es que este espacio nos está cobijando para reunirnos. Es algo muy simbólico en la zona urbana, porque en las zonas rurales muchos ya tomamos los edificios y los pusimos a nombre de los pueblos. Pero esto está en la zona urbana, tomada por migrantes y por mujeres, y es un espacio que defienden y que la gente los defienda a ellos.
El CNI tiene sentido sólo si nos vemos como una gran familia, vista desde una visión indígena. Yo soy ta savi, y para nosotros la familia es el que te echa la mano cuando tienes problemas. Y esta casa funciona como eso, como la casa de la gran familia. Puedes llegar, pasar, con sus reglas. Es simbólico, pero tiene también un sentido político muy fuerte.
Gente nueva y de los viejos en el CNI, en su 30 aniversario
Hay muchos problemas en el país y en los pueblos, y se están buscando soluciones. Somos varios los viejos del CNI y venimos a reconocernos, a ver que estamos aún. Yo sólo soy uno de los que se puede decir que regresa al CNI, porque estaba en otro lugar y es la primera vez que vengo como representación de mi pueblo. Pero hay mucho chamaco, muchos jovencitos, que vienen a buscar una esperanza de los problemas que ven. En los pueblos el relevo generacional es cierto.
La presencia de los jóvenes es muy importante porque, por ejemplo, he estado en Las Margaritas, en Chiapas, y hay jóvenes que no saben que hubo una rebelión en 1994. Por eso es muy importante que vengan. Estos días dentro del aniversario del Congreso Nacional Indígena hemos estado hablando de su asamblea, de la historia, de los éxitos, de los fracasos, de lo que viene, y creo que muchos se irán con la idea de que sí se puede cambiar el mundo, como a mí me pasó en 1994. Pensamos que cómo no se va a poder, si aquí estamos, y lo podemos hacer nosotros. Eso es lo bonito y lo importante.
Los desafíos del CNI
Tenemos que volver a ver luz. Incluso nosotros mismos no nos vemos como somos. Vamos a descubrir que tenemos muchos potenciales, que tenemos muchísimas ideas, propuestas. Un ejemplo es el cambio climático. En las reuniones internacionales dicen que hay que bajarle al carbono y cosas así, pero no, los pueblos saben que lo que hay que hacer es cambiar el modelo. Un señor me dijo «¿tú has visto qué le pasa a una bicicleta cuando va de subida y le das y le das y le das? Se rompe la cadena. Lo que tienes que hacer es o dejar de usar la bicicleta o usar otra». Eso está pasando con el cambio climático.
Los pueblos indígenas saben que tenemos que cambiar nuestra relación con la madre naturaleza, que tiene que haber más respeto, no deforestar porque sí, no vender el agua, no matar a los animales porque sí. Eso lo saben, y saben cómo hacerlo. En mi tierra afortunadamente manejamos el agua nosotros, la trajimos nosotros con una tubería, y tenemos un comité que se encarga de distribuirla en el pueblo. En la mitad de las comunidades en el país debe estar pasando lo mismo. ¿Por qué no reconocemos eso? Nos ahorraría muchos problemas.
El cambio climático se arreglaría mucho si mañana declaráramos una veda de 20 años al corte de madera, ¿por qué no lo hacemos? Porque las empresas pierden. El poder político está tan desnaturalizado que parece que un requisito esencial para ser candidato a algún cargo es ser delincuente o tener el financiamiento de ellos.
En nuestro caso es el servicio. Yo, por ejemplo, me enteré de que era alcalde cuando ya había sido elegido. Nadie me preguntó ni me votó. Puedo renunciar, pero el costo sería que me desconocieran y habría también repercusiones en mi familia. Los pueblos tenemos cosas que decir, pero son contrarias al modelo de explotación capitalista que hay en el mundo.
Llegará un momento, y será pronto, en el que el modelo tendrá una crisis más fuerte y tendrán que voltear a vernos. Aunque es muy probable entonces que pase lo que en Bolivia, en Ecuador o en Colombia, que solamente nos usen para seguir alimentando su modelo, y eso sería desastroso.
¿Qué somos los indios?
Lo indios somos otra cultura. Se nos olvida, pero en el mundo solamente hubo cinco culturas primigenias que dieron origen a todas las culturas: Egipto, Mesopotamia, India, los Aymaras y los Mesoamericanos. Somos una cultura primigenia. Tenemos los elementos que dieron origen a todas las demás culturas, y hay que volver a eso, y recuperar el sentido del conocimiento, de lo que llamamos organización, las formas de ver la vida.
Hay que ver las formas propias de organización. Los rarámuri en general tienen mujeres gobernadoras, los cucapá tienen a mujeres gobernadoras en su mayoría. Históricamente se dio esa formación. Los mixtecos no podemos ser autoridades si no estamos casados, por la dualidad. Pero el matrimonio no es la unión de dos personas, sino de dos familias para echarse la mano.
Tenemos el sentido de que si nos va bien hay que compartir. Si vas a una comunidad y están comiendo, le pasan el plato al más importante, pero ese se lo da al menos importante, porque sabemos que nuestro ser como autoridad depende de ellos.
Volver a la comunidad
Volver a la comunidad y la familia es un planteamiento revolucionario porque cuestiona al individuo como el centro de la sociedad y la manera de organización estatal. La cuestión es cómo le hacemos para vivirlo, si están los gobiernos, el crimen organizado, los políticos, los empresarios que venden cosas en los pueblos. Ese es el reto, el cómo hacerle.
Cuando estaba el presidente panista Felipe Calderón, hubo un indígena que un día decidió sembrar lo que se comía y cerró la entrada a toda la comida chatarra. La respuesta del gobierno fue ponerle a la comunidad un invernadero de rosas negras para exportar a Japón y dos camionetas refrigeradas para llevarlas a Veracruz y embarcarlas. De ese tamaño es el miedo a la forma de organización y su respuesta es ofrecerles algo para desorganizarlos.
Pienso que no somos antipoder, sino que se trata de construir otro tipo de poder. Dios nos libre de tomar el poder estatal; hay que construir otro, como nos enseñaron los zapatistas y nos enseñan los pueblos indígenas diario. Son otras formas de concebirlo, es el servicio. ¿Cuándo has visto a alguna autoridad indígena cobrando?
El pensamiento indígena
También ahora hay muchas propuestas porque afortunadamente los movimientos han creado sus propios pensadores. La comunalidad oaxaqueña está siendo cuestionada incluso por los propios descendientes de los que la crearon y se están yendo a ver qué pasa con la tecnología, con el servicio, con los que estudian. Cuestionan y amplían el horizonte.
Puedes ver en la Sierra Norte de Puebla, que también tiene un movimiento fuerte, el yeknemilis, el proyecto de crear su propio pensamiento. Se puede ver a los purépechas con su proyecto de caminar con su propio entendimiento, lo mismo puedes ver a los mixtecos con la Academia de la Lengua Mixteca, donde se dedican a ver qué tiene que ver la lengua con el territorio. Hay un pensamiento fuerte, escuelas autónomas de recuperación de la lengua. Eso es parte de la lucha y la resistencia.
Echarse para adelante
Cuando hablo parezco muy pesimista, pero soy optimista, porque veo a la gente. Hace unas semanas se soltó un burro de una señora y se comió toda la milpa de un señor. El debate fue qué pagaría la señora, si la milpa como estaba o lo que se esperaba que produjera. Se decidió que pagara lo que daría la milpa porque el señor había tenido todos sus cargos y ella no. Por eso se le castigó, por no haber dado todos los cargos, no por la milpa. No estaban juzgando el daño, sino el funcionamiento del pueblo. De aquí viene mi optimismo, porque la gente sí sabe.
Cuando se trata de echarse para adelante, se echa para adelante. Conozco a los yoreme de Sinaloa y nunca en la vida pensé que podría haber ahí un levantamiento como el que está ahora por la defensa de la bahía de Ohuira. Los pueblos dan sorpresas porque no los vemos bien. Los pueblos sí saben y sí pueden revertir. No solamente creo que puedan, sino que creo que son los únicos, porque tienen otro sentido de las cosas.
CNI hoy y en el futuro
Cuando formamos el CNI en 1996 queríamos resolver dos cosas: qué hacíamos con los foros y su fuerza, y qué hacíamos con los Acuerdos de San Andrés. Teníamos una meta específica, pero ahora tenemos varias. Lo que vimos hace 30 años es lo mismo que vemos ahora, aunque con otras manifestaciones. Los pueblos queremos emanciparnos, ser nosotros, y el CNI es el único espacio nacional creado por los propios pueblos indígenas en el que podemos. El reto está en si le haremos ajustes, como recuperar que sea un espacio de autoridades, como cuando se formó, o algunos grupos de trabajo y comisiones, que también creo que hay que fortalecer. El reto es cómo le hacemos.
Hay que recuperar los grupos de trabajo de territorio y recursos naturales, el de niños, el de mujeres, el de autogobierno, y la filosofía de los pueblos.
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