La agricultura mexicana no está colapsada
Julio A. Berdegué y Marco L. Ramírez
23 de octubre de 2026/La Jornada
Se afirma que la agricultura mexicana vive un colapso. Unos lo atañen al TLCAN y al T-MEC y a las políticas neoliberales. Otros, a la 4T y al giro en el destino y uso del presupuesto federal para el campo. Pero si medimos por el volumen y valor de la producción nacional y por el balance alimentario nacional, la verdad es que el campo mexicano arroja saldos positivos, aunque es indiscutible que hay sectores específicos que enfrentan problemas importantes o, como se dice ahora, “tienen áreas de oportunidad”.
Los datos oficiales del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), indican lo siguiente:
- En 1994, en el arranque del TLCAN y de numerosas reformas neoliberales, en México se sembraron 20.6 millones de hectáreas, que produjeron 246.9 millones de toneladas de alimentos (provenientes de cultivos anuales, árboles frutales, plantaciones y pastos cultivados), con un valor real (en pesos de 2025) de 553 miles de millones de pesos, o $26 mil 800/hectárea sembrada.
- Al término del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador, la agricultura mexicana contaba con 20 millones de hectáreas sembradas, en las que se cosecharon 521.8 millones de toneladas de alimentos, con un valor real de 888.4 mil millones de pesos de 2025, o $44,400/hectárea sembrada. Es decir, más o menos los mismas 20-21 millones de hectáreas que 30 años antes, 111% más toneladas de alimentos, 61% más valor de la producción en términos reales, total y por hectárea sembrada.
La tendencia al crecimiento en volumen y en valor de la producción, ha sido una constante de las últimas décadas. Por cierto, ha habido años malos y muy malos, como por ejemplo 2011-12, y 2023-2025. Pero a pesar de los pesares, se sostuvo el crecimiento de la producción nacional de alimentos, incluyendo, por cierto, durante el primer sexenio de la 4T.
Miremos ahora qué tan autosuficiente es México en su alimentación. Usamos el balance alimentario publicado por FAO, que llega hasta el año 2023. La Tasa de Autosuficiencia (TAS) es el porcentaje del suministro interno que proviene de la producción nacional. En 2023, México tenía una TAS de 90.1%, es decir, 9 de cada 10 kilos de alimentos consumidos en México, se producen en México. Aunque México exporta alrededor de 13.2% de todo lo que produce, seguimos siendo ampliamente muy autosuficientes en nuestra alimentación. En este indicador, superamos a países como China, Colombia, Alemania, España o Italia.
En suma, en las dimensiones observadas no hay tal colapso del campo mexicano. Las y los productores mexicanos cumplen con su principal objetivo social: garantizar la alimentación nacional. Lo que hay detrás de las cifras es una reconversión y un aumento de la productividad del campo, que debemos desmenuzar en próximos artículos para distinguir luces y sombras.
¿Hay problemas? Sí, los hay. Al igual que hay éxitos. Apuntamos tres desafíos centrales, que están siendo atendidos por el gobierno de México.
Uno: erradicar la extrema pobreza del campo. A pesar del gran avance a partir de 2019, todavía tenemos 3.9 millones de compatriotas rurales en esa condición inaceptable. Quienes extrañan los apoyos regresivos del período 1994-2018, señalan que la pobreza no es tema de la política agrícola, que para eso están secretarías como Bienestar.
En la 4T creemos que la erradicación de la pobreza sí tiene un pilar en la producción campesina y de pequeña y mediana escala. Y a eso sumamos políticas como el Certificado Laboral de Agroexportación puesto en marcha este año, que establece que quienes quieran exportar alimentos deben demostrar que todas y todos sus jornaleros agrícolas tienen contrato de trabajo y seguridad social. La pobreza se erradica con una política agropecuaria que promueve la prosperidad compartida.
Dos: impulsar con mayor vigor la producción de los pequeños y medianos agricultores comerciales, especialmente de granos, elevando su productividad y apoyándolos para que obtengan mejores precios para sus productos al igual que para los insumos de que depende su actividad. Se dice que son menos eficientes que los productores estadunidenses y que no pueden competir. ¿Lo son? Este año los apoyos federales a los agricultores de EUA podrían sobrepasar los 50 mil millones de dólares, lo que equivale a casi 30% de su ingreso y a ocho veces la suma del presupuesto de nuestra Secretaría de Agricultura más el del programa Sembrando Vida. Si los ponemos a competir a ambos lados con nuestro presupuesto, ahí veremos quién es quién. Nuestros campesinos, pequeños y medianos productores sí pueden competir aun contra esos subsidios desmedidos, en la medida en que no le apostemos a un modelo tecnológico que solo es viable con niveles de apoyos que no están al alcance de México.
Tres: enfrentar el impulso proteccionista que cobra vigor en nuestro principal socio comercial. No cabe ninguna duda de que la exportación de alimentos, especialmente de frutas y verduras, ha sido un poderoso motor de las dinámicas que anotamos más arriba.
Si EU opta por cerrar el capítulo del libre comercio de alimentos y abrir uno nuevo de comercio administrado, habremos entrado en un nuevo escenario, que va a requerir mucha inteligencia, mucha unidad y mucha inversión para transitarlo con éxito.
Son desafíos enormes. Haríamos bien en concentrar en ellos nuestras energías y evitar gastarlas en argumentos mitológicos.
https://www.jornada.com.mx/2026/10/23/opinion/015a1pol

