Desarrollo contra los pueblos y la naturaleza

19 de noviembre 2025
Desinformémonos

Los pueblos de México vuelven a tener la palabra en el documental Antes de que anochezca, trabajo colectivo de Desinformémonos, que como es habitual en su historia de más de 16 años, es capaz de reunir largas experiencias e invitar nuevas. Dialogan entre sí en este documental las fotografías, textos y videos y en forma resumida nos muestran realidades complejas. Este juego de comunicaciones nos hace posible entender profundamente, no sólo desde el intelecto, también desde el corazón y las emociones.
El documental muestra los impactos reales de tres de los proyectos insignia de los gobiernos de la Cuarta Transformación en México: el mal llamado Tren Maya, el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec y el Proyecto Integral Morelos que incluye una termoeléctrica, un gasoducto y un acueducto.
Megaproyectos que vienen envueltos en un discurso triunfalista sobre “desarrollo” desde todos los niveles de gobierno y cuyos impactos se intenta repetidamente ocultar, además de criminalizar e intentar acallar las protestas de las y los afectados por estos proyectos.
Por ello, este documental es aún más relevante. Expone no solo los impactos ambientales, de deforestación, devastación ambiental, contaminación y por supuesto impactos graves en la vida y medios de subsistencia de las comunidades –que son muchos–, también nos muestra cómo se conectan los megaproyectos, arrojando una figura completa: un proyecto general de desarrollo industrial capitalista que privilegia y favorece sobre todo a las grandes empresas, en su mayoría transnacionales, a costa de los pueblos originarios y las comunidades rurales.
Pueblos que en la concepción oficial no son tales, sino indios que traban el desarrollo porque están en tierras, aguas, bosques –o sea, en sus territorios ancestrales– y a los que hay que desplazar para abrir vías y acceder a los recursos que allí se encuentran, haciéndoles al mismo tiempo el favor de que progresen y se conviertan en ciudadanos y pobres explotados urbanos.
Explica claramente este proceso la Asamblea Oaxaqueña en Defensa de la Tierra y el Territorio, especialmente en su encuentro fr noviembre del 2021 cuando lanzan la campaña ¡No es desarrollo, es despojo!
“Nos preguntan ¿cómo es posible que nos opongamos a los megaproyectos de un gobierno “progresista” que nos quiere sacar de la “pobreza” y traernos el desarrollo?
Nos oponemos porque son los mismos proyectos de gobiernos anteriores ligados a intereses económicos y porque tenemos una larga y dolorosa experiencia que nos da claridad política: los conquistadores trataron de despojarnos en el nombre de “Dios”, los colonizadores e invasores en nombre de la “civilización”, las clases pudientes de México en nombre de la “modernidad” y ahora los capitalistas y gobiernos están tratando de despojarnos en nombre del “desarrollo”.”
Son tres grandes heridas en el territorio de México y de muchos pueblos indígenas y campesinas, cuyas metas y lógicas energéticas y de transporte no son para la gente sino para las empresas. Se revela en forma descarnada y el documental nos lo deja ver desde los pueblos: es un proyecto de acaparamiento multimodal de territorios, como expresara Ramón Vera Herrera y Grain.
El Tren no es Maya ni tren de pasajeros, sino fundamentalmente un tren de carga para facilitar, junto al Corredor Interoceánico, más explotación de los territorios en la península de Yucatán, Chiapas, Oaxaca y más allá, y el transporte de las mercancías fuera de las regiones, gran parte para exportación.
Vemos en el documental al Secretario de Economía Marcelo Ebrard, quitado de la pena, explicando en una conferencia mañanera de la presidencia el 11 de junio 2025,
“Recuerden que se está buscando que las empresas se instalen donde se tiene agua; entonces, el sureste, y es porque se tiene una facilidad hídrica”.
El agua es uno de los recursos más escasos no sólo en México, sino a nivel global y que las empresas y agronegocios buscan asegurar y acaparar, el tren Maya les facilita y subsidia el acceso a ella. Permiten a la transnacional Heineken, la segunda cervecera más grande el mundo, instalarse convenientemente al lado de una estación del Tren Maya y le dan acceso a excavar 13 nuevos pozos de agua, cerca de zonas protegidas y sobre terrenos ejidales, lo cual conlleva expulsar de allí a las y los campesinas y que a futuro le falte agua a toda la región.
El reportaje “La ruta oculta” muestran como el Tren Maya favorece el peor tipo de agricultura industrial, agrotóxica y transgénica, con cultivos que no están adaptados al ecosistema y que practican sobre todo asentamientos menonitas, que en poco tiempo han destruido el equilibrio de suelos y agua, de tal manera que ahora toda la región sufre sequías e inundanciones. Sus asentamientos están sobre 7 de las 11 estaciones del Tren de Maya en la región.
Se trata de explotar, saquear y secar la región para llevarse los recursos a otras regiones y otros países, dejando sin tierra y agua a las poblaciones originarias.
Quizá uno de los ejemplos más crudos es cómo la ampliación y construcción de un rompeolas en Salina Cruz, uno de los puertos de entrada al Corredor Transítsmico está terminando con un pueblo ikoots entero, en la Colonia Cuauhtémoc.
No sabían qué habría nuevas obras en el puerto para facilitar la entrada de megabuques de carga, nadie les informó ni consultó y ahora su pueblo está desapareciendo inundado por los cambios del oleaje.
En todos lados se repite la falta de consulta y/o las farsas de consulta, que a menudo engañan a quienes participan. No se respeta el derecho de los pueblos a ser consultados y si lo hacen, no es en tiempos y formas que respeten sus culturas, se viola continuamente su derecho al Consentimiento Previo, Libre e Informado de los pueblos indígenas y de las comunidades campesinas, ambos establecidos en varias instancias de Naciones Unidas.
En los lugares donde ha habido alguna forma de consulta, nunca queda claro las consecuencias de mediano y largo plazo: no sólo los impactos directos que muchas comunidades sufren directamente, por desplazamiento, inundaciones, tala de árboles, contaminación, muertes de abejas y otros, sino sobre todo no se informa ni se discute el proyecto de fondo, que atenta profundamente contra la permanencia de las culturas indígenas, las formas campesinas y los modos de habitar en los territorios que no son destructivos.
Los pueblos, pese a todas las agresiones, siguen construyendo, ideando nuevas formas de resistir y mantener sus formas colectivas de vida. “En la lucha por la vida, ni se gana ni se pierde, se sigue luchando”, dicen quienes resisten al Proyecto Integral Morelos. Llevan siglos de ataques y rendirse no está en su agenda.
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