El espía en Ayotzinapa

29 de septiembre 2026
La Jornada

El soldado Julio César López Patolzin entró al 50 batallón de infantería de Chilpancingo el 16 de enero de 2009. Desde 2014, infiltrado en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, realizó actividades como OBI (órgano de búsqueda de información) del Ejército, con fachada de alumno. Recibió su entrenamiento básico en el centro de adiestramiento regional de Petatlán. Además, tuvo que aprobar un examen y fue evaluado para poder realizar labores de inteligencia. En diciembre de 2013, cubrió el perfil para la selección y seguimiento del personal que labora en áreas sensibles. Estuvo en servicio cinco años y ocho meses. Fue desaparecido el 26 de septiembre de 2014. El 20 de septiembre de 2018 causó baja oficial.
Su misión consistía en informar lo que acontecía en las asambleas que se realizaban en la normal, dar seguimiento a las marchas, mítines y cualquier movimiento que los estudiantes realizaban en Guerrero o fuera de la entidad y detectar vínculos con integrantes de organizaciones subversivas, grupos de la delincuencia organizada y todo movimiento que pusieran en riesgo la seguridad interior y la seguridad nacional.
De acuerdo con el entonces comandante de la 35 Zona Militar en Chilpancingo, general de división Alejandro Saavedra Hernández, el soldado López Patolzin tenía como encomienda “remitir la información obtenida por medio de mensajes y llamadas telefónicas esporádicamente, cada vez que se lo permitía la situación”.
Como lo muestra el reporte de Sedena “Mensaje F.C.A. Urgente. No.- G.A.I./5823”, mandaba esporádicamente lo que descubría por medio de mensajes de texto y llamadas telefónicas. También, reportaba al comandante del pelotón de información de la unidad en reuniones entre los dos en distintos puntos de la ciudad, cada cinco días.
Un informe interno de la Secretaría de Defensa Nacional (Defensa) señala que el 26 de septiembre de 2014, a las 11:30 de la mañana, “el soldado de infantería Julio César López Patolzin, desplegado en el Mpio. de Tixtla, Gro, se encontraba realizando funciones como Órgano de Búsqueda de Información en el INTERIOR de la escuela ‘Raúl Isidro Burgos’ de Ayotzinapa”.
Julio César nació en Tixtla, Guerrero, el 29 de enero de 1989. Fue el segundo hijo de cuatro que tuvo el matrimonio de Joaquina Patolzin de la Cruz y Rafael López. Según el Centro Prodh, Julio estudió sin interrupciones desde prescolar hasta bachillerato. Era tan delgado que lo apodaban El Tribi y le gustaba jugar básquetbol. Trabajó de herrero, chofer y campesino.
El soldado López Patolzin intentó, infructuosamente, ingresar a la Normal Rural de Ayotzinapa en tres ocasiones. No tuvo suerte. La cuarta fue la buena. En agostó de 2014, le informaron que había aprobado. Tanta insistencia en cursar la carrera de maestro rural no provenía de una irresistible vocación por la docencia, sino de algo más simple: era un espía que buscaba infiltrarse en Ayotzinapa, hasta que finalmente lo logró.
El soldado López Patolzin estuvo bajo el mando del teniente de infantería, Marcos Macía Barbosa, del 27 Batallón. Su último reporte fue a las 10 de la mañana del 26 de septiembre. Luego, desapareció junto con los otros estudiantes, “sin que sus mandos hicieran ninguna acción para garantizar su integridad y su búsqueda”. Según Alejandro Encinas, ex subsecretario de Gobernación y ex presidente de la Comisión para la Verdad del Caso Ayotzinapa,“pese a haber desaparecido en la comisión de un trabajo oficial, las fuerzas armadas no activaron el protocolo de búsqueda de militares. Nunca realizaron ningún esfuerzo por ponerlo a salvo. Abandonaron a uno de los suyos”. Si lo hubieran hecho, quizá la historia habría sido diferente.
El Ejército rechaza que tuviera espías dentro de Ayotzinapa. En octubre de 2015, Televisa entrevistó al general Salvador Cienfuegos, extitular de la Defensa. Allí declaró: “Efectivamente, el nombre de uno de estos jóvenes que lamentablemente están desaparecidos coincide con el nombre de un militar en activo, al cual tampoco lo hemos encontrado”.
El informe denominado Actuación del personal militar en los sucesos del caso Ayotzinapa, fechado el 5 de julio de 2024, la Defensa niega que López Patolzin haya realizado acciones de inteligencia para el Ejército Mexicano.
Sin embargo, mientras estuvo en Ayotzinapa, el soldado recibió su salario normal y prestaciones o “haberes”. Más aún, según consta en un oficio firmado por el general de brigada Alejandro Saavedra Hernández, después de su desaparición, los beneficiarios directos de Julio César recibieron y firmaron los recibos de los sueldos de la segunda quincena de septiembre y primera quincena de octubre.
En 2019, Ciro Gómez Leyva mostró videos en los que se observa a la madre del soldado Patolzin al interior del 50 batallón de infantería en Chilpancingo, tres días después de la desaparición de su hijo. Allí, se reúne con el coronel Gregorio Espinosa Toledo, quien le explica que siguen con la búsqueda de su hijo desaparecido. “Nosotros la entendemos, hacemos todo lo posible para encontrarlos. Sabemos lo que se siente. Si cuando se raspan una rodilla, sufre uno…”, le dicen a la madre del militar desaparecido. La mamá recibió la quincena de su hijo, de 5 mil 667 pesos, además de “un apoyo provisional para este tipo de eventos”, bajo el concepto de “tratamiento de ausentes”.
La presencia de López Patolzin como espía en la normal rural no fue una iniciativa de un mando militar aislado, sino una política de la institución castrense. Era parte de la estrategia de contrainsurgencia de las fuerzas armadas contra la escuela. Tanto así que, además de Julio César, el Ejército tuvo más infiltrados entre los alumnos o en su entorno inmediato. Gracias a ellos y a sus servicios de inteligencia, autoridades en funciones de diferentes niveles supieron en todo momento lo sucedido a los 43 normalistas de Ayotzinapa, pero ocultaron y manipularon la información. Por algo habrá sido.
X: @lhan55
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